Dionisio resucita como en cada primavera

Dionisio, mejor conocido por su nombre en latín como Baco, muere cada invierno y resucita cada verano. Aunque en mi corazón el dios Baco nunca muere. Está ahí. Siempre con su gran regalo dado hace eones a los humanos: el vino.

El vino es de esos especiales inventos del ser humano, que más que cumplir con la infame tarea de distorsionar nuestra percepción, es un experiencia que deleita los sentidos. Nos recuerda que somos tan solo humanos que estamos bendecidos por el don de disfrutar. El disfrute de este mundo hace llevadero las penas provenientes del apego que viene con esta. La vida es una y hay que celebrarla, las mujeres y hombres sabios dicen. No podría estar más de acuerdo: brindemos.

Todo empieza en primavera, con el renacer de Dionisio

Estatua de Baco/Dionisio. Imagen vía okdiario.com

La historia de Dionisio es bastante ambigua y hay varias versiones. Lo que es seguro es que ha tenido más de un nacimiento. Es por eso que los antiguos griegos creían que moría en el invierno y renacía en la primavera.

Baco es el dios del vino y la vendimia. Con su renacer se simboliza el regreso de frutos y por ende la vendimia. La recolección de uvas es fundamental para la elaboración de una bebida sagrada y antigua: el vino.

Dionisio es hijo de Zeus sin lugar a dudas, pero la historia de como fue concebido varía en sus posibles madres. En una versión el dios del rayo tiene relaciones con la mortal Sémele; y por engaños de su celosa esposa Hera, Zeus la mata. En esta historia Zeus para rescatar a su hijo decide implantarlo en su muslo, para que cumpla así el ciclo de gestación que se vio interrumpido por la muerte de su madre.

En otra aceptada y popular versión, Dionisio es hijo de la reína del inframundo Perséfone. Hera, como siempre vengativa, manda a los titanes aque descuarticen al pequeño Baco. una vez más para salvarlo, Zeus guarda el corazón del infante en Sémele para que vuelva a nacer.